EL HOMBRE DE VITRUBIO Visto desde mi perspectiva



María Del Carmen Iglesias.

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En momentos  que me encuentro meditando sobre los grandes personajes de la historia de la humanidad, no puedo menos que admirar  a este hombre, que para la época en que vivió fue un adelantado, Leonardo Da Vinci.

Voy a ser muy audaz y tratar desde mi lugar de neófita de interpretar una de sus grandes obras: EL HOMBRE DE VITRUBIO, que data alrededor de 1490. Me gusta ver a los números como entidades o Símbolos, que definen cualidades, no solo cantidades, que tienen otro aspecto que los fríos cálculos. Que contienen una belleza con mucho para contarnos.

Partimos del número UNO, el punto, el indivisible,  el solitario, el audaz, el hombre en sus comienzos primitivos,  el que debía valerse por sí mismo. Podemos decir que representa el sol, lo masculino, la decisión, la independencia, la mente. Pero ese mismo uno, el punto, se continúa a sí mismo, se prolonga en la línea.

Entonces forma el número DOS van juntos, son polaridades. El número  dos es esencialmente femenino, la luna. El hombre comienza a percibir que tiene un complemento. La intuición y la mente se integran, el día y la noche, femenino y masculino.

Pero se necesita algo que una esas paralelas, que integre la unión.  Se manifiesta el número TRES, la trinidad de padre, madre e hijo. En su evolución va tomando conciencia  que es dador de vida, que  hombre y  mujer son co-creadores. El  número tres, VERBO que se hace carne, la palabra, con la que se puede construir o destruir, lo que nos diferencia del resto de los  animales de la creación junto con la Conciencia.

 También en esta trinidad se puede vislumbrar: cuerpo, alma y espíritu , tomando el cuerpo como la experiencia terrenal con lo que se manifiesta en este plano donde los cinco sentidos son necesarios, ya que el planeta tierra es el mundo de lo concreto, y sin un  “ VESTIDO O CUERPO”  no seríamos visibles en este plano. El alma como su intermediaria de lo que no se ve pero existe, ya que el hombre al hablar de su vida muy raras veces habla de su parte corporal exterior manifiesta a los sentidos. Habla de su destino, afectos, alegrías y sufrimientos, cosas que no son percibidas por lo pronto por los sentidos físicos, ya que vive en el interior del Ser.

 El espíritu es lo imperecedero, lo impoluto, lo que no se mancha, la conexión con la divinidad o energía universal. En este contexto ubico al número cuatro como la concreción del aprendizaje del hombre sobre la tierra. La voluntad que debe prevalecer sobre la materia para no quedar atrapada en el CUADRADO sin salida, aspirar a la elevación del ser humano, del amor a sí mismo y a sus semejantes.

Por eso el número cinco representa al hombre, la unión del número dos femenino par, con el tres, masculino, impar, el matrimonio perfecto, el andrógino, el SER integrado.  El Hombre, representado  por Da Vinci como una estrella de cinco puntas es el símbolo de la libertad, el camino del que va al encuentro de FISURAR el cuadrado que lo limita encerrado en las cosas materiales para ir avanzando en su pasaje a lo trascendente.

La vía para ir al  encuentro de integrarse al círculo cuando el hombre se eleva, simbolizando el circulo los extremos que se tocan, la FLEXIBILIDAD del mismo número UNO.







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